Uno de los rasgos
característicos de las economías latinoamericanas a lo largo de
toda su historia, ha sido su opción por la producción de bienes
primarios de exportación, entre los cuales, los minerales han ocupado
un puesto destacado. Como consecuencia de esto, extensas regiones
de nuestros países se han constituido en espacios económicos mineros,
en los que impera un sistema socio-económico que tiene como centro
a la actividad extractiva.
La historia
minera de estos países se ha escrito fundamentalmente desde un punto
de vista económico convencional y social pero en general, los estudios
históricos han ignorado la dimensión ambiental de esta historia.
No conocemos los costos socio-ambientales de los inputs y outputs
de los procesos de extracción y beneficio de los minerales. Tampoco
hemos hecho una valoración de la explotación de éstos, definidos
como un capital natural, esto es, preguntarse si el desarrollo de
las industrias mineras nos han hecho más ricos o más pobres.